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13/10/2009
¿Por qué se necesita regulación
sobre derivados?
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¿Qué causó la crisis crediticia de 2008? Una
política monetaria ligera sin dudas ocupó un
papel preponderante. También los planes de
compensación que indujeron a los ejecutivos
a tomar mayores riesgos buscando
beneficios a corto plazo. Pero una causa
fundamental del colapso aún no es
reconocida: la decisión del Congreso en el
año 2000 de legalizar las operaciones con
derivados Over the Counter.
La crisis comenzó cuando el gigante
asegurador AIG reveló que había sufrido
enormes pérdidas en operaciones con Credit
Default Swaps. Como AIG era parte y
contraparte de una gran cantidad de
apuestas en derivados entre importantes
bancos y fondos de inversión de todo el
mundo, muchas de estas instituciones
temían que si AIG caía en quiebra, ellos
también. Sólo un rescate de us$ 180 miles
de millones del gobierno salvó al sistema de
la implosión.
Podríamos haber evitado esto si hubiésemos
conservado la regulación tradicional sobre
derivados. Pero algunos podrán pensar: ¿no
son los derivados productos financieros
nuevos, que no han sido negociados antes?
La respuesta es no. A pesar de que a los
operadores de Wall Street y a los profesores
de finanzas les gusta llamar a los derivados
con jergas confusas y ecuaciones
matemáticas, existe una realidad simple: un
“derivado” es sólo un acuerdo para pagar o
recibir una determinada cantidad de dinero
en el futuro, sobre una tasa de interés, un
activo, una divisa o un crédito.
En otras palabras, los derivados son
apuestas. Éstas pueden utilizarse para cubrir
riesgos. Un propietario, por ejemplo, se
cubre comprando un seguro contra incendio.
Si la casa se quema, el propietario gana la
apuesta, compensando la pérdida de la
propiedad. De manera similar, un inversor
que posee un bono y está preocupado de si
el emisor caerá en default puede comprar
CDS y apostar contra su calidad de crédito.
Si bono disminuye en valor, el CDS aumenta.
Pero las apuestas pueden utilizarse también
para especular, y la especulación crea
riesgos donde antes no existían. Esto es
especialmente cierto cuando los especuladores que realizan diferentes
predicciones negocian juntos y ambos toman
nuevos riesgos.
Es por esto que las economías sanas en
general regulan las apuestas, especialmente
en derivados. En al menos los dos últimos
siglos, Estados Unidos reguló a los derivados
utilizando un doble enfoque. Se permitía laespeculación en mercados organizados
como CME y NYSE, donde las operaciones
son supervisadas por los propios mercados y
por CFTC y SEC. Fuera de los mercados, la
especulación en derivados OTC fue
desalentada por una regla común llamada “la
regla en contra de las diferencias en los
contratos”
Esta regla trataba a los derivados OTC como
ejecutables sólo si una de las partes utilizaba
el contrato para cubrir un riesgo real, pre
existente. Por ejemplo, no se puede contratar
un seguro sobre una casa que no se posee o
tener una hipoteca. De forma similar, no se
puede ejecutar un contrato CDS a menos
que una de las partes tenga un interés
económico directo sobre el bono subyacente.
Los CDS “descubiertos”, como el tipo
utilizado por AIG, no eran ejecutables.
El resultado fue mantener a la especulación
bajo control y reducida a los mercados
organizados, al menos hasta que la regla fue
desarticulada. La eliminación comenzó en
1986, cuando Inglaterra modernizó su
legislación convirtiendo a todos los
derivados, sean utilizados para cobertura o
pura especulación, en instrumentos
legalmente ejecutables. Las entidades de
control de Estados Unidos hicieron lo propio
en 1990 legalizando las operaciones OTC
para determinados tipos de derivados,
especialmente swaps sobre tasas de interés.
Esto condujo a las quiebras de Orange
County (1994), Barings Bank (1995) y Long-
Term Capital Management (1999). A pesar
de estas lecciones, el Congreso legalizó en
el año 2000 a todos los derivados OTC a
través del Commodities Futures
Modernization Act. Mediante esta nueva
legislación, los derivados fueron declarados
exentos del control de CFTC o SEC y
también se declararon como legalmente
ejecutables a los contratos puramente
especulativos.
De esta manera, el decreto eliminó
obstáculos legales que regían desde siglos
atrás. Fue este cambio en la legislación que creó el actual mercado de derivados. De
acuerdo al Bank for International
Settlements, en 2008 el valor nocional del
mercado subió hasta us$ 600 millones de
millones, un total de aproximadamente us$
100.000 en apuestas por cada persona del
planeta.
Esta “modernización” agregó enormes
riesgos a nuestra economía, haciendo
posible que instituciones como A.I.G.,
Orange County, Barings y Long-Term Capital
Management (sin mencionar Enron, Bear
Stearns y Lehman Brothers) perdieran
grandes cantidades de dinero
inesperadamente.
Por supuesto, la especulación en teoría
proporciona beneficios sociales que
compensan los costos del riesgo sistémico.
Los economistas, por ejemplo, argumentan
que los especuladores agregan liquidez a los
mercados, mejorando la exactitud de los
precios. Sin embargo, hasta el momento no
hay evidencia de que la legalización de los
derivados OTC haya proporcionado
significativos beneficios a la economía en
conjunto (aunque claramente los proporcionó
a Goldman Sachs y otras sociedades de
bolsa exitosas).
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Fuente: BCR - (The New York Times 07/10/09)
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